domingo, 14 de octubre de 2012

MARATON DE ZARAGOZA 2012



Cartel de la Maratón de Zaragoza
Acuden las lágrimas a mis ojos, queridos lectores, al ver la respuesta que habéis tenido con mi anterior entrada al blog. A pesar de estar dos meses sin acercarme a vuestro confortable regazo digital, no he recibido ninguna muestra de rencor ni despecho debido a mi ausencia. Como siempre, vuestra madurez abunda en la medida que la mía escasea.
Y tras esta breve pero obligada introducción, daré paso a la entrada semanal que constantemente os prometo y siempre que puedo eludo:
Como dejé anunciado a modo anuncio –valga la redundancia- la semana pasada, voy a contaros mi participación en VI Maratón de Zaragoza. Ya sabéis que desde que participé en Valencia allá por 2009 suelo correr una maratón al año, que no es bueno abusar ni de los placeres ni de los pesares. También es conocido por todos mis conocidos que desde aquella primera maratón que fue en Febrero, dije que nunca más prepararía una en invierno, y así he cumplido. Las restantes cuatro maratones que han contado con mi presencia se han celebrado en Otoño, con lo que la preparación siempre ha sido en verano, como a mi me gusta. Este año, sin embargo, andaba yo preocupado porque las maratones de Otoño se corren habitualmente en Noviembre, y temía que se resintiera la preparación debido a unas felices circunstancias familiares que han de acontecer, Dios mediante, en Octubre. Pero sin comerlo ni beberlo, la organización de la Maratón de Zaragoza decide adelantar la fecha de celebración y hacerla coincidir con la Media de Barbastro, con el consiguiente revuelo producido y que huelga insistir en el mismo ya que se resolvió de manera satisfactoria para todos. Así que de pensar en no correr maratón este año, me encuentro con una cerquita de casa el 30 de Septiembre, una semana después de la media de aquí, que encima me podía servir de último entrenamiento de calidad. Pues miel sobre hojuelas, a prepararla se ha dicho. Sondeando a los compis que participan en maratones me doy cuenta que fecha tan cercana al verano no convence a nadie; pero en estas, Michel Bielsa me dice que él si va a participar y que Josemari Lacoma le ha preparado un entrenamiento con el objetivo de terminarla pues es su primera maratón y no quiere arriesgar. Yo esta temporada me la he tomado de “correr sin sudar” y la idea de preparar una maratón sólo para acabarla me parece de lo más atractiva. Nos ponemos de acuerdo para correr los domingos y hacer juntos la salida larga semanal y de esta manera comentar cómo van los entrenamientos. A veces nos acompañan otros compañeros como Juli, Pedro Cabrero, Miguel Jordán y alguno más que me olvido y pido que me perdone. Ni que decir tiene que el verano se me ha pasado volando y que al poder disponer de las mañanas para entrenar no he sufrido los rigores del estío, principal excusa que han puesto los que no han ido a esta maratón.
La preparación transcurrió en su justa medida y me planté en la salida de la Media de Barbastro con la seguridad de que podía terminar la maratón en menos de 3,45. Cuando al acabar la carrera en 1,45 vi que me quedaban ganas de seguir corriendo me quedé muy tranquilo y satisfecho del trabajo realizado a lo largo del verano.
¡Ignorante de mí!
El dorsal personalizado.
La semana fue normalita, con dos entrenamientos suaves, el último con Michel para terminar de ajustar los preparativos previos al día de la maratón, pero el jueves el tiempo cambió y el viernes llovió, y en algún momento de esos días me acatarré, porque el sábado me desperté con una congestión de anuncio, de esas que te ponen la cara abotargada, de las que parece que el entrecejo te va a estallar y tu nariz se asemeja a un torrente brioso de montaña. ¿En estas condiciones se puede correr una maratón? Si hubiese sido alguna carrera de las que organizamos en el Club no hubiera participado, pero después de estar todo el verano entrenando, después de hablar con Michel tanto sobre la maratón y de decirle que la correríamos juntos, la verdad es que me sabía muy mal no participar. Así que pasé todo el sábado confiando en los buenos resultados del paracetamol y prometiéndome a mí mismo que estaría en la línea de salida, quizá en la de llegada no, pero en la salida seguro que sí.
El domingo por la mañana me encontraba mejor pero no curado. Cogí la bolsa y acudí al punto de encuentro con Michel, con su hermano que además de llevarnos iba a correr la 10k, y con Gregorio Puy que iba de espectador, con lo que tendríamos Radio Atletismo en la ida y en la vuelta.
La parte de atrás del dorsal, con el chip incorporado.
Con la hora bajo control llegamos a Zaragoza en un desplazamiento por la autovía que no merece mayores comentarios. Es en Zaragoza donde las cosas empiezan a tomar un cariz más peculiar. Había quedado Michel en recoger a otro corredor, amigo del que nos cogió los dorsales y que venía de Alcolea y no conocía muy bien la ciudad. El punto de encuentro era la línea de meta junto a la Expo. Llegados al lugar y puestos en contacto telefónico con el susodicho resulta que estábamos muy cerca pero no teníamos contacto visual. Primero le invitamos a él a moverse hacia nosotros, y transcurrido un tiempo prudencial sin que apareciera y diciéndonos nuevamente lo cerca que estaba, nos movimos nosotros con el mismo resultado negativo. A todo esto, y los que alguna vez han compartido carrera conmigo lo saben de sobras, mi estado de nerviosismo iba aumentando de manera exponencial puesto que el tiempo iba pasando y se nos echaba la hora encima, además de arrastrar casi desde que pasáramos Huesca unas ganas de miccionar que me estaban poniendo la vejiga como un balón de Nivea –reacción propia del estado nervioso por la carrera y por el catarro, conviene aclarar-
Por último se decidió quedar en un punto neutral pero conocido por ambos, la estación del AVE y allí nos encaminamos raudamente mientras por mi cabeza sólo pasaba una letanía que decía: no llegamos a tiempo, no llegamos a tiempo...
Aún tuvieron que pasar unos breves pero larguísimos minutos antes de que nos encontráramos con el compañero de Alcolea y una vez echas las salutaciones que dicta la cortesía habitual en estas circunstancias tomamos de nuevo el camino hacia la meta para que dejara el coche y se viniera con nosotros. Y mi cabeza seguía repitiendo: no llegamos a tiempo, no llegamos a tiempo...
Cuando todos estábamos montados y enfilábamos a la salida nos asaltó otra duda: ¿Estarían cortadas las calles debido a la hora que era?
Decidimos arriesgarnos y ponernos en contacto con quien nos guardaba los dorsales para no perder un tiempo que ya nos escaseaba: no llegamos a tiempo, no llegamos a tiempo...
Por suerte este punto de encuentro fue más sencillo de encontrar, como su propio nombre indica y el intercambio de saludos, dorsales y despedidas con el hermano de Michel, que tenía que volver a la salida porque el 10k se corría por esa zona, fue más rápido de lo que hubiéramos querido.
El ambiente en el rebautizado parque de Jose Antonio Labordeta era de gran carrera, con gente trotando, gente acompañando, los voluntarios dando indicaciones... ¿Indicaciones? ¿Nos podría decir donde podemos cambiarnos?
-Polideportivo Salduba- Pues para allí que vamos.
En el polideportivo entraba y salía gente sin parar, y una larga fila de corredores con sus bolsas que lo atravesaba hasta la mitad de la pista de baloncesto llamó mi atención. Como la curiosidad me puede, le pregunté al último, al “último de la fila”, lo pilláis?...Bueno le pregunté que para que esperaban y me contestó que para ir al baño. ¡Ir al baño, pero si me estoy meando y no me acordaba! La inflamación de mi pelvis casi era perceptible a simple vista, pero no era el momento para desahogos, sino para cambiarse. Amontonados junto a otros corredores nos pusimos el equipo del Club, el dorsal, la vaselina y no disponíamos a abandonar el vestuario, yo asumiendo que iba a esperar un buen rato antes de poder estar frente a un retrete, cuando veo a Michel que sale de un lateral donde había no uno, sino dos retretes! Ole, ole y ole, dejo la bolsa y hago lo que tendría que haber hecho una hora antes como mínimo.
Camiseta y medalla de llegador
Más ligeros y satisfechos vamos en busca de los camiones del Ejército que han de llevarnos las bolsas a línea de meta, nos ponemos en la cola, las entregamos y nos dirigimos a colocarnos en la salida porque son las 8,25 y en cinco minutos empieza la Maratón de Zaragoza. Ni foto con Martín Fiz, ni foto de grupo ni nada de nada, escasamente nos colocamos y ¡pum! A correr se ha dicho.
Con Michel al momento de dar la salida.
Nos unimos al globo de 3,45 con la idea de aguantar tres cuartos de carrera y luego apretar si procedía. Sin embargo, llevando 2 km recorridos, mi cuerpo ya me dijo que yo no aguantaría ese ritmo, y es que a pesar del fresco reinante y de que íbamos cobijados por las sombras del parque yo estaba empapado en sudor, ese sudor frío que no es fruto del esfuerzo sino un aviso de que te andes con cuidado que las cosas no están tan bien como te crees. Con esta premisa mi objetivo fue claro: aguantar mientras se pueda y ya se verá después.
En el km 14 otro aviso de mi cuerpo: tuve que parar a orinar, algo que nunca antes había tenido que hacer en ninguna carrera. Se lo dije a Michel, le deseé buena suerte y que ya nos veríamos en meta. Me paré, hice lo que había ido a hacer y me incorporé a la Maratón antes de lo que imaginaba y a lo lejos vi al grupo de 3,45. Cabezón y garrulo como soy se me metió entre ceja y ceja alcanzarlo, aún a sabiendas de que ese sobreesfuerzo lo pagaría caro, y más con los avisos que ya había recibido. Pero ni por esas me retuve y en cosa de 4 km más o menos ya estaba con ellos. Michel se alegró de verme, yo también de verlo a él pero cabreándome conmigo por ser tan inconsciente.
El gel que me tomé en el km 27 cuando empecé a sentir necesidad de alimento me sirvió de poco porque aguanté hasta el km 28 a ese ritmo, después, como sucede en estos casos me dio la impresión de que el grupo apretaba, pero mirándome el Garmin vi que no, que no era el grupo quien tiraba sino yo el que ya no iba. Pues aún he aguantado más de lo previsto, yo esperaba caer recién pasada la media maratón.
Hice una rápida evaluación de mi precaria situación:
-No estaba para seguir al globo de 3,45 pero tampoco para abandonar.
-Sólo quedaban 14 km, como muchas de mis salidas por La Boquera.
-Si encontraba un ritmo que fuera lo suficientemente cómodo y me hidrataba y comía podría llegar a meta.
Dicho y hecho. Bajé de ritmo hasta que estuve cómodo y dejé que pasaran los km preocupándome exclusivamente de comer y beber para aguantar hasta meta. En el km 37 di buena cuenta de otro sobre de gel y llegando al 40 me encontraba tan recuperado como para hacer los dos últimos km por debajo de 5 minutos el km, de manera que mi entrada en la recta de meta no reflejara lo que llevaba por dentro. Al final el tiempo tampoco fue tan catastrófico como cabía esperar: 3,52 tiempo oficial y 3,51 tiempo real.
Dos fotos de mi llegada a meta
Recogida de bolsa, ducha, llamada para quedar con Michel, su hermano y Gregorio, y para casa. ¡Ostras, que no nos hemos hecho foto de grupo!
-Pues para la próxima, que esta ya se ha acabado-

Zaragoza es Zaragoza y es difícil de cambiar, aunque algo van intentando:
-Los primeros 15 km fueron por el parque, cosa que al principio sorprende, pero que cuando te sacan de allí después de recorrerlo a lo largo y a lo ancho llevas casi media carrera hecha, que tampoco está tan mal.
-Los avituallamientos estaban muy bien surtidos, tanto de fruta como de agua e isotónica, además de puestos de esponjas.
-El recorrido era sinuoso hasta la extenuación, pasando por el casco viejo por calles en las que casi había que ir en fila india.
-Sin embargo, los zaragozanos salieron animar y estaban en todos los puntos importantes y en muchas zonas en las que no esperas público. Chapeau por esto.
-No es una maratón que sea fácil hacer marca, como tampoco lo es nuestra media, pero es la de casa y creo que debemos apoyarla, aunque como pasa en las mejores familias siempre estemos de morros con ellos.
No era mi intención extenderme y creo que lo he conseguido.
Hasta pronto amigos.
Diploma recordatorio

Clasificación absoluta
Clasificación por categoría, con Michel arriba del todo





miércoles, 3 de octubre de 2012

¿QUEDA ALGUIEN AHÍ?


Un fuerte abrazo abnegados lectores, que habéis soportado estoicamente mi estival ausencia del mundo del blog rural. No creáis que durante todo este tiempo no he pensado en vosotros, que lo he hecho, y mucho; sobre todo cada noche al acostarme cuando mi conciencia me aguijoneaba el alma recordándome que me había pasado otro día dedicado al “dolce far niente” mientras vosotros, dedicados seguidores, visitabais una y otra vez el blog con la ilusoria esperanza de encontrar un entrada nueva que refrescara la sofocante canícula que se ha cernido sobre nuestras cabezas. Y frente a tanta abnegación y dedicación, quien esto escribe sólo ha sido capaz de dejar un rotulillo de “cerrado por vacaciones”. ¿Qué más ha de pasar para darme cuenta de todo lo que os debo – a nivel emocional, se entiende- y tomar de una vez por todas la sana costumbre de hacer una entrada semanal cueste lo que cueste, que es lo que me propuse al principio de este blog?
-No os precipitéis para contestarme, mantenedme en la más incierta incertidumbre siguiendo mi detestable ejemplo-
Aprovechando una ráfaga de creatividad tras una prolongada siesta en un sofá de escay, se me ocurrió que una buena forma de reiniciar mi contacto con el blog sería hacer un balance/resumen de lo que había sido el verano...
 Pero como estamos en Octubre y ponerse ahora a contar batallitas calenturientas –por las fechas que remito- no parece lo más apropiado, os dejo con un breve álbum fotográfico que resume lo que ha sido mi verano de 2012.

¿Con la muerte en los talones? No, La Vieja Guardia en la ruta de la Torre de los Escolapios

Con Juli...
...y con Michel, compañeros de entreno durante todo el verano

En Borja se montó un Cristo con el Ecce Homo.


INIESTALLONE, un héroe de la eurocopa.
Lance Armstrong, primero el mejor ciclista de todos los tiempos y ahora lo peor de lo peor. Cuanta hipocresía nos tenemos que comer! 






















Usaint Bolt, el Rey del Atletismo en los JJOO de Londres.

Michael Phelps, como Bolt pero pasado por agua.
Teresa Perales, que nosotros también tuvimos una Reina aragonesa en Londres.

El Pueyo de Araguas con la Peña Montañesa al fondo, bucólica imagen de mis vacaciones en Ainsa.

El stand del Club de Atletismo Barbastro en la Ferma.
En la Media de Barbastro, acompañando a Iván con el globo de1, 45

¡Vaya trío! Entre los tres sumamos casi siglo y medio  de edad, y de km ni os cuento!
 Pues este ha sido mi verano resumidito. La semana que viene hablaremos de la Maratón de zaragoza.
Hasta pronto amigos





martes, 19 de junio de 2012

EL TURBON MÁS TURBADOR



Hoja anunciadora de la actividad
Hola, nunca bien pagados seguidores del blog. Sé que en repetidas ocasiones os he nombrado la importancia y el impacto que un buen título tienen para despertar el ánimo lector hacia una entrada nueva, más teniendo en cuenta la amplia y variada oferta bloguera presente en el Somontano, sin ir más lejos; que si abrimos el abanico a cualquier blog relacionado con la sana afición al pedestrismo, nos encontramos con que al día le faltan horas para cubrirla, la oferta, en su totalidad. Por eso elijo para el título esos momentos tras un entrenamiento en que el cansancio todavía no ha remitido en su totalidad y el riego sanguíneo no fluye por mi cerebro con la celeridad adecuada debido a la demanda de los miembros inferiores –léase las piernas- Y me gustan esos momentos especialmente porque así doy rienda suelta a mis emociones, normalmente reprimidas por mi férreo autocontrol, y por varios avisos de denuncia por escándalo público en los que no vale la pena profundizar.
Este último domingo un variopinto grupo de corredores tuvimos la suerte y el privilegio de subir hasta la cima del Turbón, a 2492 m. de altura, sabiamente dirigidos por Josemari Lacoma y acompañados por expertos y eficaces corredores/montañeros como los hermanos Subías y Paco Jordán, como ejemplos más sobresalientes. Después de pasar cuatro horas serpenteando por esa imponente mole caliza y reconfortado en casa por una refrescante ducha, el título que encabeza esta entrada vino hacia mi mente como una luz en la oscuridad, como un faro en medio de la tormenta. Claro que viéndolo dos días después, ya relajado y más tranquilo, pienso que a pesar del rico léxico con que nuestro idioma nos obsequia, me parece que no acerté a dar con las palabras exactas que debían transmitir mis sentimientos de respeto y euforia, a partes iguales, hacia esta montaña.
Y tras esta breve pero necesaria aclaración que espero deje despejadas las dudas suscitadas por la cacofonía del encabezamiento paso a relatar de manera igual de sucinta el magnífico día que pasamos subiendo hasta el Turbón.
Las 7:00 de la mañana era la hora y la puerta del Club Atletismo Barbastro el lugar elegidos por Josemari para emprender la salida hacia el Macizo del Turbón, actividad abierta a todos los interesados que era el colofón de la 3ª Edición de la Escuela de Corredores que el propio Josemari desarrolla de manera brillante desde hace tres años.
Una vez estuvimos repartidos por todos lo vehículos pusimos rumbo a Campo, desde donde nos desviamos hacia Serrate y antes de llegar a este pueblo volvimos a hacerlo hasta alcanzar el punto convenido para iniciar la marcha. Con un Sol espléndido sobre nuestras cabezas Josemari nos aleccionó sobre equipación, alimentación y bebidas adecuadas para que todos estuviéramos bien preparados y evitar disgustos y berrinches irreparables a última hora; y con estas premisas bien aprendidas tomamos el camino que nuestros GPS Garmin Forerunner 305 nos indicaban.
Preparando la salida hacia el Turbón
Enseguida el camino se tornó aburrido y monótono, y como parte de la actividad consistía en degustar ritmos y terrenos diversos, Josemari nos desvió por una pedriza casi vertical que debíamos subir para ganar más altura en menos distancia. Ni que decir tiene que recibimos la noticia con alborozo y que los posteriores resbalones que en mayor o menor medida todos disfrutamos dando con nuestros huesos en el mullido colchón pétreo de la susodicha pedriza no hicieron sino aumentar la alegría y el jolgorio grupal.
Con Fran subiendo por una de las pedrizas.
Una vez todos de nuevo en el camino y para no bajar los ánimos se nos propuso hacer un tramo corriendo, que a fin de cuentas es el deporte que nos une, y con disciplina marcial obedecimos mientras la escasez de oxígeno, propia de las tierras altas, se iba manifestando en resuellos y estertores con un volumen más alto del habitual. Tras otra pedriza tan cachonda como la primera y otro tramo corriendo que puso nuestro sistema pulmonar cerca de las orejas llegamos a la fuente o abrevadero, según sea bípedo o cuadrúpedo el sujeto que quiera aplacar la sed ya que para ambos está preparado este singular manantial. En este punto Josemari nos invitó a beber y a llenar las cantimploras ya que no hay más fuentes a partir de ahí. También repartió sales minerales para echar al agua y evitar los sinsabores que una colitis a destiempo puede provocar.
Reponiendo fuerzas y agua en la fuente.
Y ahora sí, encaramos el Turbón que se alzaba majestuoso frente a nosotros. No obstante aún hubo tiempo de hacernos una foto grupal bajo la señal que indicaba la ruta a seguir y que la experiencia de los fotógrafos y la buena animosidad de los participantes hizo que todos saliéramos favorecidos.
Encaminandonos hacia el punto de fotografia.
¡Que posado más profesional!
Y ahora sí, encaramos el Turbón que se alzaba majestuoso frente a nosotros, pero esta vez de verdad. Encabezaba la expedición Josemari y uno tras otro, en fila india, íbamos siguiendo sus pasos. En realidad cada uno seguía los de su antecesor, y si este se tropezaba, pues a tropezar se ha dicho que no hay que ser más que nadie. El único que se permitía licencias en el camino a seguir era Javi Subías, que debe tener algún tipo de acuerdo con el Turbón, porque llevaba la misma velocidad cara arriba que cara abajo y ni variaba su expresión ni manifestaba esfuerzo alguno y lo mismo estaba hablando con Josemari arriba del todo, o disparando su cámara a un lado de la senda, o abajo del todo acompañando a una pareja amiga.
Serpenteando por la ladera en fila india.
Culebreando por la ladera llegamos al collado, donde se nos brindaban unas vistas magníficas a ambos lados del Turbón. Tras recrear la vista unos instantes tomamos la cresta que lleva a la cima y allí hicimos parada y fonda.
Lo cierto es que yo venía arrastrando una cierta incomodidad desde que salimos de la fuente, y no debido a la desmineralización de sus aguas, que prudentemente no quise paladear, sino a un paulatino aumento del deseo de miccionar. Como sucede habitualmente al principio no se le da importancia pero poco a poco se va convirtiendo en pensamiento único. Lo árido y despoblado de vegetación de la zona me impedía esconderme tras un arbusto y habiendo presencia femenina no parecía apropiado girarme simplemente a un lado para desfogarme. Arriba en el collado me vino a la cabeza que sin mujeres seguramente nos abríamos puesto en fila y envueltos en compadreo y camaradería varonil habríamos emulado algunas de las más famosas cataratas que embellecen nuestro planeta. Huelga decir que estos pensamientos no me tranquilizaban en absoluto.
Momento del ágape, compartiendo bocadillo.
Hollada la cima me aposenté en un lugar privilegiado sobre el punto geodésico que da fe de la altura del lugar y procedí a avituallarme a la manera tradicional, es decir, con un bocadillo de longaniza. Si bien Josemari había recomendado comida ligera porque la ruta era corta y al mediodía estaríamos en casa, cualquiera que halla subido más allá de un décimo piso sabe que la montaña da hambre, y que comerse un bocadillo en el monte es un placer sólo superado por unas costillas a la brasa, también en el campo, y a ser posible con leña de carrasca. De manera natural se formaron dos grupos: por un lado los que habían traído el menú astronauta consistente en geles de glucosa, barritas integrales, galletitas proteicas y otras delicias de la dieta N.A.S.A.; y por otro lado los que confiamos en el bocata de toda la vida de fiambre con el pan untado de tomate y regado, aunque no era el caso, con el fresco tintorro de una bota de vino. Sin que mi intención sea presumir, podéis imaginar entregados lectores quién miraba con deseo la comida de quién. Como la edad nos hace previsores, yo guardaba un bocadillo de pechuga de pavo con queso en la recámara de mi mochila y viendo que el de longaniza iba a ser suficiente manduca para satisfacer mi voracidad, no dudé en donar el sobrante, que fue recibido con algarabía por mi compañera de al lado y por los demás comensales que se ofrecieron a degustarlo.
Foto oficial de la subida al Turbón
Con los estómagos saciados inmortalizamos el momento en una bella estampa fotográfica y procedimos a iniciar el regreso a los coches. Josemari nos señaló un refugio al pie de la ladera como punto de encuentro y nos dejó manga ancha para que cada uno bajase como supiese, pudiese o Dios le diera a entender. Ana Barras, en un gesto de compañerismo muy de agradecer, me ofreció sus bastones para facilitarme el descenso y no me lo pensé dos veces antes de aceptar. 
Iniciando el descenso junto a Miguel Echo
Aún no había alcanzado yo el collado cuando los más avezados en carreras de montaña estaban ya cerca del refugio. Gracias a los bastones evité caerme varias veces, no todas, y si me hubieran ofrecido bautizar esa senda después de bajarla el nombre que más la definiría sería “RODOLONES”. 
Vertiginoso descenso
Poco a poco fuimos llegando al refugio, mi menda en la grata compañía de Miguel Echo, y allí comentamos las vicisitudes del descenso y lo lejos que se veía ahora el collado. Cuando todos estuvimos dispuestos y nuestras piernas ya sólo obedecían a su instinto primario Josemari propuso un ritmo alegre hasta la fuente donde poder recargar las vacías cantimploras. La visión del chorro manando y salpicando sobre el abrevadero no hizo sino traer hacia mi vejiga las peores sensaciones. Ahora había arbustos, pero mi natural pudor me impedía alejarme del grupo para orinar, por un malentendido sentido del qué dirán, por la prisa que todos tenían de bajar a los coches para volver pronto a casa y por el miedo que me producía quedarme solo en medio de tan inmensa montaña. A pesar de lo dolorido de las piernas, salimos cara abajo como si nos fuéramos sin pagar, todos tras Josemari, lo que me hizo pensar que quizá no era yo el único que tenía canguelo de quedarse solo. Cuando llegamos a una de las pedrizas de la subida, Josemari nos retó a bajarla en lugar de seguir el camino natural. Los más aventureros se lanzaron con arrojo hacia las piedras, pero con la vejiga como un balón de Nivea y las piernas como tablones, no me pareció prudente dar un húmedo y triste espectáculo cayendo entre una ola de cantos mojados en caso de fallarme el pie, cosa más que probable dado mi estado. Así que opté por la vía fácil de seguir por el camino lo más rápido posible que los espasmos abdominales que me provocaban las ganas de mear me permitían.
En los coches y mucho más tranquilo.
 De esta guisa llegué a los coches, con la agradable sorpresa de ver a un compañero venir de la parte posterior de la nave adjunta a ellos, los coches, con una cara de satisfacción que los mamíferos homínidos de género masculino reconocemos enseguida. Fuera mochila y cinturón de bebida y corriendo hacia la parte de atrás donde me llevó un buen rato quedarme tranquilo. Después todo se ve de distinto color y las risas, comentarios y chascarrillos propios de estas actividades montañeras sonaban como cascabeles a mis oídos. Estiramientos, sandía, piña y cerezas por cortesía de algunos previsores compañeros; cambio de camiseta sudada por otra seca; despedidas fraternas; a los coches y en una horita estábamos en Barbastro y cada uno en su casa.
Y terminada la ducha y todavía chorreando porque no alcanzaba a la toalla me paré a pensar en lo bien que lo habíamos pasado, las risas que nos habíamos echado, el gran esfuerzo que habíamos realizado y las ganas de volver a hacer una actividad de estas características en medio de la Naturaleza.
Hasta pronto amigos.




Inicio de la senda de ascenso.




No hay que perder la sonrisa.

Ni la esperanza, aunque el esfuerzo se prevea intenso.


Una bella imagen que lo resume todo.

Las fotografías que ilustran la entrada son por cortesía de Paco Jordán, Javi Subías, Josemari Lacoma y un servidor. Y podéis ver más y mejores en el blog del Sr. Ornitorrinco.

viernes, 15 de junio de 2012

RUTAS VERANIEGAS






Hola queridos seguidores del blog. No encuentro palabras para expresar mi profundo agradecimiento por la paciencia a la que semana tras semana os someto debido a la discontinuidad de mis entradas en el blog. Ya me gustaría a mí poder efectuar escritos a diario; pero como ya sabéis los más asiduos, ni mis conocimientos, experiencias, ni mucho menos mis carreras y entrenamientos tiene el suficiente fuste para haceros perder vuestro valioso tiempo.
La entrada de hoy es una excepción y está compuesta por un par de recorridos que he efectuado guiado por las manos expertas de Juan Ramón y Juli, dos grandes veteranos del Club Atletismo Barbastro. En la que está ilustrada fuimos los tres solos y en la que sólo he podido dejar el mapa participaron también Pedro Cabrero y Michel Bielsa. En esta última hice fotos, pero el cansancio hacía que mi pulso temblara como un flan y no ha quedado ninguna aprovechable, excepto el mapa, gentileza de Google Maps.

Ruta 1, o primera, si se prefiere.
Mapa de la ruta. Esta variante tiene unos 10 km.
Salimos desde el parque de La Paz hacia el campo de fútbol, nos desviamos a la izquierda al barrio de Bellavista pero frente a la ermita de San Ramón nos desviamos de nuevo a la derecha y tomamos una calle empinada hacia arriba que nos sirve, junto a la subida del campo de fútbol, de buen calentamiento –y según te lo tomes, incluso de quemazón-
Sin dejar esta calle, abandonamos Barbastro, pasamos junto a la antigua fábrica de ladrillos, cruzamos la carretera de Graus y cogemos un camino que tenemos enfrente. Por este camino discurrimos eligiendo siempre los ramales que nos mantienen paralelos a la carretera. De esta manera volvemos a cruzarla frente a la entrada a la urbanización de El Ariño, que seguimos unos pocos metros, ya que nos desviamos a la derecha por el primer camino.
Este camino es el se toma a la inversa cuando se hace el recorrido de Las Canteras. Una vez aquí las posibilidades son múltiples, ya que este camino está conectado a otros paralelos a través de ramales perpendiculares y se puede bajar incluso hasta La Boquera. En este caso tomamos uno paralelo más abajo y salimos a cruzar la carretera, ya de vuelta, frente a la prolongación de la calle Camino de La Barca, aunque una vez cruzada preferimos desviarnos a la derecha y seguir un camino que nos deja en el parque de La Paz, justo donde tomamos la salida.
Juan Ramón y Juli, veteranos sí, pero échales un galgo
Bebiendo agua del canal. ¡Ellos que pueden!
Esta es una ruta sobre tierra mayormente, que tiene subidas, bajadas y tramos llanos donde dar rienda suelta a las piernas, como fue el caso para padecimiento propio, y que por la gran cantidad de opciones se puede prolongar o recortar dependiendo del tiempo, las ganas o la exigencia del entrenamiento de que se disponga. La segunda parte, la del Ariño, transcurre cerca de acequias provenientes del canal, donde los estómagos más preparados pueden saciar la sed, y los más delicados y susceptibles, como me ha tocado en suerte, podemos refrescarnos sin riesgo a una diarrea galopante que nos obligue a desviarnos de la ruta de manera imprevista.
Como se ve en la foto, el más cansado soy yo.

Ruta 2, o segunda, si se eligió esta opción anteriormente.
El tramo para hacer las series sería el que se ve vertical, más o menos.
Antes de que sigas leyendo apreciado corredor, te advierto que esta segunda ruta está pensada para hacer series de distintos largos y que por tanto el disfrute de su recorrido dependerá de si el ritmo que llevas te permite observar los interesantes paisajes que te ofrece. A mí no me lo permite, que conste.
Se sale también desde el parque de La Paz subiendo hacia el campo de fútbol y continuando por el tramo asfaltado que nos lleva hacia la variante. Se cruza la carretera y se continúa por el camino justo de enfrente y ya no se deja, desviándonos a la izquierda en el segundo cruce siguiendo la ruta normal de Las Canteras. Cuando se llega a la carretera que sube hasta la urbanización de El Ariño se da por finalizado el calentamiento. Entonces nos damos la vuelta y tenemos por delante 1,5 km de camino muy llano, protegido del sol por arbolado a ambos lados hasta el cruce que hemos dejado. Se puede hacer 3 series de 500 m; 1 de 1000 m y 500 de descanso; 1 de 1500 m; etc... A gusto del corredor. En el cruce seguimos la prolongación natural del camino que ahora llevamos teniendo que hacer un pequeño bucle y nos encontramos por delante con 2 km, como mínimo, de camino de las mismas características que el anterior. Aquí sólo las piernas ponen el límite. Una vez satisfecho con los resultados se vuelve hacia el cruce y se toma el mismo camino de vuelta, llegando hasta el parque en bajada, que siempre da algo más de alegría.

Sólo espero, agradecidos seguidores del blog, que esta entrada haya ampliado vuestros horizontes a la hora de plantearos salir a correr este verano.
Si queréis conocer más rutas os aconsejo que entréis en el siguiente blog:

Hasta pronto amigos.

domingo, 3 de junio de 2012

NO SE NOS PUEDE DEJAR SOLOS. JORNADA DE MOVILIZACION POR LA VIA VERDE.


“Los hombres pueden domesticar al león, pero los Dioses no permitirán que pierda su naturaleza de león”
Akuantamos Komopodemos. Poeta disidente troyano que se unió a las tropas de Agamenón cuando observó que del caballo no salían chucherías precisamente.

Un gran saludo amados lectores de este sencillo blog. No es casualidad que haya comenzado mi entrada con esta frase de un poeta griego porque lo sucedido el sábado refleja con total similitud el significado que el clásico nos quiere transmitir.

El sábado se celebraba la Jornada de Movilización por la Vía Verde que une nuestra ciudad con Castejón del Puente y que diversos colectivos de Barbastro quieren impulsar. Pidieron colaboración al Club Atletismo Barbastro y como somos solidarios y conocemos lo que cuesta organizar cualquier evento por simple que parezca, allí que nos encaminamos algunos miembros de La Vieja Guardia junto a Presi Torres para dar todo el apoyo necesario y más que nos hubieran pedido. Pero ¡ay! incansables lectores, cuando preguntamos, por simple curiosidad, si el camino estaba balizado o marcado para poder recorrerlo y disfrutarlo en su totalidad, los miembros de la organización, seguramente envueltos en la vorágine de un evento que aún es novel, nos contestaron que no había nada marcado y que teníamos que buscarnos la vida.

¡Buscarnos la vida! Esa frase fue el desencadenante que despertó a la bestia competitiva que subyace dentro de cada uno de nosotros. Porque La Vieja Guardia quizá no participe en tantas carreras como otros socios del Club, pero donde hubo fuego siempre queda rescoldo y eso es así y todo el mundo lo sabe.
Nos reunieron a todos para hacernos la foto de grupo que adorna los diversos artículos escritos en los distintos medios de comunicación para conmemorar el acto y dieron la salida.
Foto general del grupo. A la izquierda estamos nosotros nerviosos perdidos.
Los primeros en tomarla fueron los senderistas que se encaminaron disciplinadamente por las antiguas vías del tren hacia el polígono. Nosotros, con los nervios a flor de piel, salimos junto a los ciclistas, de los cuales nos separamos en cuanto ellos doblaron por la Feria de Muestras para hacer un pequeño recorrido urbano. Javier Subías y José María Andreu, más avezados en salidas no competitivas los siguieron tranquilamente. ¿Por qué no fuimos capaces de hacer lo mismo y ahora estaría escribiendo estas líneas sin el sinsabor que me atormenta?
Nosotros no fuimos por la vía del tren, sino por la carretera. Acostumbrados como estamos al asfalto, pronto olvidamos la razón que nos había llevado hasta allí y elegimos el camino más corto. Alcanzamos a los senderistas en el barrio de San Valentín, mientras estaban disfrutando del aprendizaje de cómo se pasa de uno en uno por debajo de un árbol caído en medio del camino y que nadie había previsto. Lo normal hubiera sido quedarse para compartir ese aprendizaje, pero no, saludamos correctamente, que la educación nunca está de más, y seguimos hacia el primer punto de encuentro como si tuviéramos premio en la llegada.
Cuando aparecimos en el polígono nadie nos esperaba tan pronto. No había nada preparado y tampoco había excesiva prisa en prepararlo porque llegábamos con más de una hora de adelanto.
Sacando pecho en el polígono por haber llegado primeros. ¡Qué pobres!
¿Pensáis que nos quedamos a esperar a todo el mundo para hacer amistad y confraternización? Efectivamente, nos avituallamos con un poco de agua que amablemente y sin ninguna obligación nos ofrecieron, y sin ser capaces ni siquiera de tomarla allí mismo para hacer aprecio, nos hicimos la foto de rigor para demostrar que estuvimos en el punto y partimos raudos y veloces hacia Castejón del Puente, segundo punto de encuentro.
A estas alturas de la crónica huelga decirte, avispado lector, que como bien supones elegimos la carretera antigua -todo asfalto- para llegar cuanto antes a nuestra particular meta. Corrimos por la vía de servicio paralelos a la actual carretera y sólo en los kilómetros finales nos internamos por caminos para llegar a Castejón por “la vía verde”
Si en el polígono no nos esperaban tan pronto, en Castejón no había nadie que supiera nada de esta jornada. Sólo en el bar de las piscinas supieron darnos los puntos de encuentro pero sorprendidos de que apareciéramos con más de dos horas de adelanto. Y es que el encuentro en Castejón estaba previsto para las 13:00 horas en adelante y nosotros hicimos acto de presencia cuando apenas eran las 11:00. Nos habíamos comido el recorrido dejándonos llevar por la prisa y el ansia competitiva en lugar de buscar la tranquilidad y el regocijo de un camino rodeado de bucólicos viñedos, almendros y campos de cereales en plena eclosión primaveral.
La foto de rigor en el parque de Palomares y sin nadie a la vista.
Solos en el parque de los Palomares, sin nada ni nadie que nos diera la bienvenida, nos tomamos otra foto para dejar nuevamente constancia de nuestra llegada y como esos alpinista que en cuanto han hollado la cumbre y se han hecho la foto de rigor han de darse media vuelta para que no les coja el mal tiempo o la noche a la intemperie, así dejamos Castejón del Puente, sin el más mínimo deseo de esperar a ciclistas y senderistas y culminar una jornada que ante todo se preveía como festiva y que nuestro egoísta comportamiento estaba trocando en triste y amarga.
Aunque la mayoría del recorrido fue asfalto también hubo "Vía Verde"
Enfilamos rápidamente por donde habíamos venido con la remota esperanza de encontrarnos de frente con el resto de participantes pero al optar por el mismo camino a la inversa, es decir, asfalto puro y duro, llegamos al polígono de nuevo sin ver un alma. Otra decepción que sumar a las ya recibidas fue que allí no supieron darnos razón de dónde podrían estar los participantes de la marcha en esos momentos.
Tomamos dirección a Barbastro y cuando pasábamos frente al camino de las Baldorrias las huellas de bicis y zapatillas internándose en él nos abrieron los ojos: No se trataba de llegar primero sino de saber llegar, como dice el famoso corrido mejicano.
Ya era tarde para subsanar el error así que sin ganas de correr decidimos seguir andando mientras oíamos a la sirena dar las doce del mediodía.
Nos refrescamos en la fuente del Centro de Congresos y nos fuimos cada uno a su casa meditando sobre el poco ejemplo que como deportistas dimos dejándonos llevar por un sentido insano de la competición.
Refrescándonos a la llegada y con la decepción en las miradas.
Hasta pronto amigos y espero que la próxima entrada refleje un comportamiento más edificante por nuestra parte.

P.D: Si en el parque de Palomares estábamos solos...¿De quién es el dedo que aparece en el ángulo superior izquierdo de la foto?